NUESTRO MOMENTO

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Hace unos meses amanecí con una de las sensaciones más extrañas que jamás haya tenido. Mi Ompare, alter ego que aún no sabe que entre otras cosas nació para ser uno de los motores de mi vida, me había enviado un Whatsapp de madrugada. Al verlo pensé, “a ver con qué montaje la ha líao ahora el cabrón éste”, pero no. No era ninguno de sus geniales vídeos. Tampoco una de esas pamplinas en la que los dos morimos. Me había enviado la foto de cabecera en Twitter de un portal deportivo sevillano. Aquella imagen había pasado por delante de mis ojos infinidad de veces sin que yo la hubiera visto. Mi vida, lo que hasta hace 6 años había sido toda mi vida, se mostraba de nuevo ante mis ojos. Era Glasgow. Era mayo de 2007. Era la primera Uefa estando los cuatro juntos. Era el último viaje de nuestras vidas.

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Los Hijos del Hambre

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Mi padre repetía una y otra vez que por la vida se iba de frente y que para ello había un requisito indispensable: no fallar jamás a los tuyos. Según el viejo, que de esto sabía tela, te das cuenta de que vas por la senda adecuada cuando ese otro, el tuyo, busca tus ojos si desea compartir su alegría, ansía encontrar consuelo o porque sabe que el camino viene duro y necesita armarse de esa fuerza que uno solo encuentra entre su gente. Me crié pensando que mi padre era sevillista; el tiempo me enseñó que mi padre era el SEVILLISMO.