Hemos quedao en que aquí sí se puede decir su puta madre, ¿no?

SFC

– Su puta madre, Carli. Que ma puesto el camarero la cerveza en un vaso grande hasta los borde sin espumita y más caliente que un calambre en el codo. Que la quiero pa bebérmela, no pa lavarme los pie, mamona, que tienes toa la cara del que se llevó la guantá pa Liverpool.

– Calla Juan, cohone.

NUESTRO MOMENTO

SFC

Hace unos meses amanecí con una de las sensaciones más extrañas que jamás haya tenido. Mi Ompare, alter ego que aún no sabe que entre otras cosas nació para ser uno de los motores de mi vida, me había enviado un Whatsapp de madrugada. Al verlo pensé, “a ver con qué montaje la ha líao ahora el cabrón éste”, pero no. No era ninguno de sus geniales vídeos. Tampoco una de esas pamplinas en la que los dos morimos. Me había enviado la foto de cabecera en Twitter de un portal deportivo sevillano. Aquella imagen había pasado por delante de mis ojos infinidad de veces sin que yo la hubiera visto. Mi vida, lo que hasta hace 6 años había sido toda mi vida, se mostraba de nuevo ante mis ojos. Era Glasgow. Era mayo de 2007. Era la primera Uefa estando los cuatro juntos. Era el último viaje de nuestras vidas.

“Supersticioso un caraho, Carli, que da mala suerte”

Sevilla FC

¡¡¡TANINO NINO NINO NA NI NO!!! (Melodía de móvil Nokia, el del juego de la serpiente)

– Dime, Carli.

– ¿Qué dise mi Juan de misentraña?

– Po ná, aquí estamo.

– ¿Dónde te mete? Que estás hablando más bajito que Guardiola en misa.

– ¿Qué quiere, quillo? Que estoy en la sala de espera del médico.