AMAR EN TIEMPOS REVUELTOS

SFC

-Ojú, ya se va hasta Emery, quillo.

-Sí pero viene un calvo con toa la cara de Antonio Lobato jarto de pringá. Y disen que es mu güeno.

-Ah, sí, el chileno ese.

-Argentino.

-Po tríncame er pepino.

-Jaja, hioputi, ya te la devolveré, maricona. ¿Pido la última?

-Enga Juan, la penúltima y nos vamo.

-Cómo tira la cerveza aquí mi primo ¿Eh, Carli?

-Illo Juan, ¿qué crees que se tira más? ¿Cerveza aquí, o Neymar en el área?

-Jaja, pues en este bar se tira tela de cerveza pero está claro que gana el brasileño, que parese mi cuñao que se pasa más tiempo acostao que de pie el gachón.

-Hablando de tirarse. Pásame el As, harmerfavó.

-Pero no entiendo qué tiene que ver el As con tirarse, Carli.

-¿Tú la dao la vuerta al diario? Mira. Mira qué contraportada. Mira qué mujer más intrépida, Juan. Mira qué dos cacha. ¡Oh! Ahora dime que tú tampoco te la tiraba…

-Yo soy más de morenas. Tú sabes bien que a mí las rubias no me gustan.

-Po menos mal, porque te has bebío nueve en un ratito.

-Jaja, pero es que estas rubias son otro rollo, Carli. ¿Y el diario ese no dice na de nuestro Sevilla o qué?

-Sí. Que Monchi se quería ir, que Emery se va y que Fazio quiere quedarse.

-Vetarcarajo, Carli, ¿has abierto el periódico por la sección de las esquelas? Qué de disgustos, cojone. Aquí parese que los únicos que sentimos esto de verdá somos los aficionaos.

-Parese, dise… ¿Po no lo sabe ya? A ver entonces qué carajo hacíamos tú y yo en Pamplona, por ejemplo, viendo cómo nos eliminaban de la Copa del Rey, con Notario.

-¿Pa dar fe?

-No, carajo, el portero aquel con la perillita.

-Ah, es verdá. Fité, tú y yo en El Sadar, en febrero, un día entresemana, que hacía allí más frío que saliendo de Aduana.

-Ostia, Juan, cómo pegaba el relente del río al salir de Aduana… Vamos, que yo siempre me compraba el perrito caliente en el puesto de enfrente pero no pa comérmelo sino pa darle un abraso.

-Jajaja sagerao ere.

-Es que en serio Juan, esto ya no es lo que era. Antes venía un Bango de la vida y teníamos mediocentro pa siete años. Ahora el Sevilla parece el Primark, que no para de entrar y salir gente, cojone.

-Es que ahí está el error, Carli. No busques el amor a los colores en un Bango o en un Emery. Ni siquiera en un Monchi. El amor al Sevilla está, como decía la canción del Nolasco, en las cosas más pequeñitas. Sino dime tú a mí que no es amor cuando la señora de 80 años que se sienta a mi derecha en el fútbol y que no puede casi ni levantarse del asiento me tira del pernil de la camisa cuando el Sevilla mete un gol pa preguntarme quién ha marcado. “¿Quién va a ser, señora? El de siempre, el colombiano, Carlitos Bacca”. Y ella, como en el juego del teléfono, le pasa la información al oído a la persona de su derecha, su marido, con el que lleva compartiendo vida y pasión más de 50 años. Yo no sé si eso es amor, pero debe estar muy cerca. Como también debe serlo en vísperas de un partido importante, antes de salir de casa, cuando crees tenerlo todo preparado y de repente te detienes en el pasillo porque te falta lo más importante: la bufanda del que ya no está. Esa primera bufanda que el viejo te compró y que desde entonces te acompaña a todos los estadios. Fíjate si tenemos arte en Sevilla, que con la caló que hace aquí todo el año, todavía le encontramos un sentido a eso de llevar al fútbol una prenda tan de invierno como la bufanda. ¿Qué mayor sentido que el recuerdo del que ya no está? Si va mi bufanda, él viene también conmigo. Eso debe ser amor, Carli. Como cuando aguantas los 40 grados del veranillo del membrillo de septiembre en la Ciudad Deportiva con tu hijo, esperando a que acabe el entrenamiento, para que los jugadores le firmen un balón, aun sabiendo que esos jugadores no sienten el escudo como tú y que se marcharán de aquí tarde o temprano, como la firma a boli en el cuero de la pelota. Pero aun así lo aguantas. Merece la pena. Solo por ver a tu hijo sonreír, sin darte cuenta de que al mismo tiempo se dibuja una sonrisa idéntica en tu cara. O cuando el Sevilla mete un gol y sin dudarlo te abrazas primero no a tu amigo, sino al de tu izquierda, ese que siempre viene sólo al fútbol, para hacerle sentir, por si alguna vez lo dudó, que no viene solo, que al fútbol vamos todos en familia, carajo, todos a una. Que te lo digo de verdá, Carli. Que estamos perdiendo el norte. Que al fútbol se va como se va a misa cuando eres un zagal, no por la religión, sino por estar con tus amigos. Pasarán Emerys, Monchis y Banegas, pero ahí estaremos tú y yo, Carli, domingo a domingo, compartiendo la pasión por esta sinrazón llamada Sevilla.

-Joé, Juan, po no que a pesar de estar de vacaciones me están entrando ganas de que pase el veranito rápido, coger el coche e irme contigo a Huelva a ver el Carransa…

-Será el Colombino.

-Po tríncame er pepino.

-Jaja, otra vez, qué torpe. He entrao al trapo sin pensármelo, cojone. Bueno, ¿qué? ¿Pedimo la última?

-Enga Juan, la penúltima y nos vamo.

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