El diario de papá Konoplyanka. Sevilla y Oleg (2 de 3)

Олег Коноплянка

DIA 2

Олег Коноплянка

“¡¡¡¡NINONINONIIII!!!! ¡¡¡EL AFILAÓÓÓÓÓÓ!!!”

– ¿Eso qué é, carajo? Me viá cagá en la puñetera madre de Stalin. A ti sí que te afilaba yo, pero el pescueso, mamona.

arenal

Son las 11 de la mañana y entre el solano que entra por la ventana y los bocinazos que pega el gachó ese que va empujando la moto y soplando ese extraño artilugio ya me han despertao. Po na, ya está er tío en planta. Jojojojo, vaya los martillasos de El Tremendo… qué buen diíta eché ayer, me cago en la má. Me pego una duchita y bajo a desayunar antes de que cierre el bufé.

bufe

Ojú quillo, me puesto como er quico. Verá tú cuando se lo cuente al Dimitri. Estaba to de lujo. Bueno to no, que el zumo de naranja era de bote y estaba pa los perro. No probaba ná tan malo desde que me reuní con Cerezo pa ver si el niño fichaba por el Atleti y el nota me dio una Mahou. Yo no sé si quería convencerme o envenenarme, el hiolagranputa.

Ya no me acuerdo de Ucrania, de Kirovogrado, de mi mujé, del niño… ni siquiera de qué carajo hago en esta ciudad. Lo único que me apetece ahora mismo es tomarme una cervecita escarchá como las que me puso ayer Pepito el de El Tremendo y que me hicieron pensar: ¿cómo estará el que esté mejó que yo?

El recepcionista del hotel, Selu, debe ser nuevo, yo creo que se da la vuelta y tiene todavía el precio puesto en la espalda. El nota me habla a gritos, como si fuera sordo en vez de ucraniano, pero es wena gente. Me ha recomendao la Bodeguita Antonio Romero. Dice que es cosa fina y está cerquita. Apenas 300 metros distancian al hotel del sitio, suficiente pa darme cuenta de dos cosas. Primero que en Sevilla hay que sé carajote pa no tirá por la sombra y segundo que voy hasiendo el mamarracho con el pantalón de pana y las jota jaiber. Sudando la entrepierna llego a la puerta del bar donde me ha fartao la pisha de un piojo pa darle un abrazo al aspersor ese que echa agua pulverizá pa la calle.

bar

Ya dentro se me ocurre saludar como lo haría uno de aquí.

– ¡Wenas tarde pa quien las tenga!

– ¿Qué va a tomar el caballero? – Me pregunta serio un camarero con to la cara de un cobrador del Ocaso.

– ¿Qué viá queré, miarma? ¿Una menta poleo con la que está cayendo? Anda dale una pataíta al barril, harme er favó.

En ese momento se hizo el silencio en el bar. Un guiri se había saltado to los códigos de conducta propios de un guiri común. Escuché cómo el camarero le decía por lo bajini a otro que estaba dentro, “mira el caraescombro, nos ha salío grasioso, éste no sabe dónde sa metío”. Entonces me dí cuenta de que estaba adentrándome en terreno peligroso.

bodeguitaintro– Traigo más caló que el que vigila un puchero. – Dije pa romper el hielo.

– Toma, artista. Y éstas olivas de regalo, que ere una multa con recargo, pero tienes cara de buena gente. Qué fresquito vienes vestío ¿no? Si quiere te dejo una rebequita pa cuando salgas, que aquí a mediodía refresca.

Ahí me di cuenta que el nota venía con to la guasa, así que opté por contestarle con un simple “¿Qué me recomienda de tapita?”. Pero el gachón no se había cansao del vasile y me dijo:

– Po con esa cara como no te ponga una ensaladilla rusa…

– Mira, que no te nombro a tu padre por no darte una pista.Le contesté inclinándome sobre la barra.

– ¡Quieto, león! – Saltó el camarero. – Amo a llevarno bien, buen hombre.

– Amo a llevarnos lo que haya que llevarse, pero a Rusia ni mentarla, que de allí no quiero yo ni el agua bendita. Lo único weno que los sijoputa esos han dao ha sido el gran Gica Hagi.

– ¿Pero ese no era rumano?

– Po atríncamela con las dos mano. JAJAJAJA.

– Ostia, Juanini, no ta dao ná el caraescombro. – Se escuchó salir de la cocina entre carcajadas.

– Hioputa el guiri, ma metío cuarto y mitá, no aprende ligero la mamona… Mira, te viá poné un montaito de pringá y un piripi, que al final vas a tené hasta age, con toa la cara de Craioveanu comiéndose la pipa mala der paquete.

– Ese era ruso también ¿no?

– Jajajaja, me la va dá otra vé… tesquiyá guiri. Voy marchando la pringá y el piripi.

– Po dale caña, que tengo más hambre que Tom Hanks en la isla.

A mi alrededor había varios grupos de clientes, todos trajeados, a pesar del calor. Uno de ellos, con toa la cara de Pablo Alborán con un mal día me mira, me sonríe y me dise:

– Te entiendo hermano, yo soy medio guiri pero como tengo familia en Chiclana ya me voy hasiendo a la siudá. Por cierto, me llamo Rafaé pero por aquí me disen Fali. Y esta es Encanna, mi abuela. Ten cuidao que pincha un poco cuando besa fuerte.

– Hola, yo soy Oleg, encantao.

– Tómate la pringá y el piripi, que eso frío no vale ná.

pringapiripi

– Joé, nostá rico esto ni ná… Igualito que la sopa de remolacha de mi país. Fité, la remolacha, que no está bueno ni el nombre. Bueno Fali ¿Se puede sabé qué estás haciendo aquí?

– Pos ná, voy de bar en bar y los fine de semana juego al furbo. He firmao por el cuarto equipo de España.

– ¿Por el Valencia? – Le dije con toa la guasa der mundo. Empezaba a calar a las creaturitas y una vez que lo haces es fácil reírte de ellos sin que ellos se den cuenta. Es más, incluso acaban creyendo que son ellos los que te vacilan a ti.

– No, que va, el Valencia tiene una ruina gorda en lo arto con el Chino falso ese. He firmao por el glorioso, por el Beti.

– Ah. Ayer vi el estadio, que man dicho que Dragados lo termina pal año pasao. – Le dije con más guasa cargante toavía.

– Sí, es un bastinaso, allí han llegao a entrá más de sincuentamir criaturas. Es que esto es un sentimiento que no se puéxplicá.

– Ya. Qué suerte. Joé, no vea cómo están la pringá y el piripi, miarma, pa chillarle. Come argo, Fali, que tienes a tu abuela mojando el pan en los altramuse.

– Qué va, grasia, a mí lo que me gusta de verdá es el arpiste.

– Ya veo, ya. Oye Fali, una cosita ¿de verdá ta creío lo del cuarto equipo de España?

– Aro, y ellos se han creío que yo vengo a jugar al furbo, jajajajaja ¿Tú no serás tonto, no Oleg?

– Jajaja, qué weno ere Fali, tú y yo nos vamo a llevá bien. Bueno viá pedí la cuenta ante de que empieces con los digestivos que mieo me das…

– ¿Ondevá pagando, alemán?

– Ucraniano.

– Po ya sabe.- (Pablo Alborán de Hacendado 1 Oleg 0) – A ésta invito yo. –

– Espasiva.

– No ome, está callá pero es que es mi abuela y está mayor la pobre.

– Que no, quillo, que espasiva es gracias en ucraniano.

– ¡Ahhh carajo! de ná, pisha, la verdá es que tienes toa la cara de la maricona mala de Prison Break pero me has caío bien.

– Ya estamo otra ve…

– ¿Qué dise?

– Que me la barnise. (Pablo Alborán con resaca 1 Oleg 1)

Y tras despedirme del Fali me fui de la Bodeguita Antonio Romero. Miré hacia la calle y al verla tan vacía me acordé del afilaó que me despertó por la mañana ¡Sopla el cacharrito y empuja de la moto ahora si tienes cojone! Me estiré las mangas de la camisa, resoplé fuerte y me armé de való pa enfrentarme a los cuarentipico grados que me esperaban fuera.

calorazo

No salgo a la calle por gusto, que vengo de mu lejo pero no soy masoca. Si por mí fuera habrían caído dos o tres pelotaso con sus correspondientes frutitos seco pero tenía que comprarle un recuerdo de Sevilla a Igor, el dueño del Dnipro, y cuando digo tenía es porque es verbo imperativo-obligativo, por cohone. El gachó es como pa llevarle la contraria. Vitivinícola, putero y amante del juego, vamo, que entra en una frutería y pide 3 limone y dos avanse.

Andando a paso ligero por Mateos Gago, apurando la acera que tiene apenas un metro de sombra, con el Lorenso diciendo aquí estoy yo, me acuerdo de la puta de la madre de Marvizón, Montesdeoca y Mario Picazo. Menos mal que creo haber encontrao lo que buscaba. Es un local estrecho, a los pies de un edificio antiguo mu del estilo de Aníbal González, y al parecer los dueños tienen pánico al vacío, pues no hay ni un huequito en la pared sin un souvenir.

ceramica

Aquí supongo que habrá algún imán de nevera pa llevarle a Igor y que lo ponga en la puerta de su casa. Sí. Porque en Ucrania los imanes los ponemos en las puertas de las casas, dando pa la calle. Le pusieron Kiev porque la ciudá del pelete no quedaba mu ucraniano.

– ¡Cogerlo ahí! – Me grita el dueño de la tienda na más verme entrar por la puerta. Era un hombre entraíto en canne, con unas gafas del grosor de una ventana climalí. No sé cómo supo que yo había entrado porque con esas lupas tenía que ve meno que un galápago metío en lejía. El hombrecillo bajaba las chirriantes escaleras que provenían de un viejo soberao.

– Alejandro Cadenas pa servirle. Aquí va a encontrar lo que busca, seguro. Incluso un paraguas, que tengo los mejore. Gene Kelly se llevó una docena pa Jolibu cuando grabó Cantando bajo la lluvia.

– Ah. Buenas, yo soy Oleg. Vengo de Ucrania, la patria de Serguei Bubka.

– ¡Ostia! Bubka, el de las camisetas del año de Maradona. Hioputa er Pelusa, no hizo poco… Ese sólo corría cuando abrían la puerta de La Casita. A to esto, allí en tu tierra llueve tela ¿no? – Me dice enseñándome un paragua que llevaba allí más tiempo que el peaje de Las Cabesa.

– No, gracias. Allí somos más de nieve.

– Coño, como El Cigala.

– Mmmm, sigalitas ricas, Pepito el del Tremendo me ha hablao de ellas.

– Me da que esa no la has pillao, Oleg.

– ¿Tienes algún imán de nevera pa llevarle al sieso de Igor?

– To los que quieras. También te puedes llevá un delantal de estos de flamenca, se vende mucho entre las criaturita. Cuanto más estrafalario vayas a ese estadio, más bético ere. Aunque lo que más vendo son estas cajitas de madera que pone “recuerdo de Sevilla” y que la abres y tiene un condón dentro. Ah, y tengo el mejón paraguas del mercao ¿te lo he disho?

– Me via llevá un imancito de estos típicos de “Ojú que caló”, que en la puerta de Igor en Ucrania con el frío que hase tiene que resultar paradójico.

– ¿Paradójico? ¿No era para Igor?

– Vete ar carajo, Gafas. Envuélveme el imán y dame el puñetero paraguas, que al menos me servirá de sombrilla pal camino. – Cogí la bolsa y el paraguas y salí de allí.

– ¡Eh, Carajaula! – Me grita el Cadenas desde dentro. – ¿Ya te va?

– Sí.

– ¡¡Po llévate ESTA!!

Menudo cabrón el gafa este, nostá aburrío. Abro el paraguas. Es más feo que el que me lo ha vendío. Así como de plástico semitransparente. Casi me da más vergüenza ir con esto por la calle que con el pantalón de pana en pleno mes de julio.

– ¡Taxi! – Me lo he pensao mejó y entre el pantalón de pana y el paragua de Elton John que ma vendío el mamón ese creo que es mejor coger un taxi.

– ¡¡ No me lo puedo de creé !! ¡¡¡ Oleg oleg oleg oleg Beti Oleeeeeeeg !!!

Yo sí que no me lo podía creer. Era Fernando. De dos putos taxis que he cogido en esta ciudá ma tenío que tocá él.

fernandotaxi

– Me cago en los muerto del Shakhtar Donetsk, Fernando ¿Aquí na má que trabaja tú o qué?

– Jaja, po casi. Que está la cosa mu mala y tengo que pagarle el abono der Beti a mi Fernandito, que ya es el sosio sincuenta y dos mil. Y este año ha bajao ventemil. ¿Dónde va con el paragua de fisher prai?

– Necesito que me lleves a un bar, como la otra vé, donde sea pero rápido, que se me olvide la caló que traigo en lo arto.

– Te viá lleva a uno que quita tor sentío. Aceitunas no sé, pero unos shoshitos te ponen.

Allí me dejó, otra vez en la puerta de un bar, menos tradicional que El Tremendo y la Bodeguita Antonio Romero y algo más estrafalario…

losdaneseok

Aquel bar tenía poca pinta de que me pusieran de comé. Eso sí, estaba petao de mujere, todas guiris. Anda que a éstas les iban a intentá cobrá el pan y los picos en El Tremendo también… Enseguía. Hablando de mujere. Me acaba de llegar un wasap de la mía:


Gordita: Cari, no sabemos na de ti. Estamos preocupaos. Escríbeme cuando leas esto √√


Los muerto de la doble fleshita azul, será shivata… Tengo una idea:


Oleg: Gordita te llamo en media hora. Si ves esto y no te he llamao, vuelve a leerlo √


Ea, yasta. Viá tomarme un pelotaso que vengo como el delantero del City, Dzeko Dzeko. Cuando voy en dirección a la barra se me acerca una chica intrépida y me dise:

– Hola ¿Me invitas a una copa, guapo?

– ¿Guapo? ¿Guapo yo? Ven pa cá que te invite a un bono pa Opticalia.

Fité, pa desirme a mí guapo ya le tiene que gustá er pan de pico a la zagala. Yo que no me clavo desde que Rambert hacía la carajotá del avionsito en el Zaragoza. ¿Se sabrá la de Opticalia el Mamiblú de José Mercé?

Me parese a mí que aquí se me va a olvidar escribir, que mi gordita se las sabe toa…

(Continuará)

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2 comentarios en “El diario de papá Konoplyanka. Sevilla y Oleg (2 de 3)

  1. Quillos, debe jasé una caló der caraho parriba en Sevilla.

    O que la jefa del Don Oleg me lo ha pillao saliendo de Los Daneses y le ha endiñao las del pulpo y las de un bombero.

    A vé si sus aplicáis, coño, que quiero enterarme de cómo acabó el tarra ucraniano con las macizorras del puticlú.

    Le gusta a 1 persona

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