El diario de papá Konoplyanka. Sevilla y Oleg (1 de 3)

Олег Коноплянка

“Si tú te vas, si tú te vas…

yo me quedo en Sevilla hasta el final.

Vente pa cá y déjate de frío.

Ay Sevilla, seguirá de vacaciones”

(Pata Negra – `Yo me quedo en Sevilla´. Blues de la frontera, 1987)


“Pepito, mamona, que ya no soy un guiri, que llevo viniendo a tu bar 3 días, desde el mismo momento en que el avión me dejó en Sevilla y pa traerme a Pío XII el taxista me metió por Sevilla Este. No me seas maricona y me vaya a cobrá el pan y los pico que no los he mirao ni de lejo. Endeluego que este bar está lleno de cabrones y de sijoputa. Pórme la penúltima”.

Así reza el último párrafo de la pequeña libreta que me encontré hace unos días en el alcorque de un árbol junto a la puerta de El Tremendo de Pío XII. Un diario grasiento que, tras leerlo, he podido saber que su pringue se debe a una mezcla entre la mayonesa de los piripis de la Bodeguita Antonio Romero, del caldito de las gambas de La Grande y del aceite que sueltan las ardientes y sabrosas pavías que se comía el protagonista de nuestra historia en la citada taberna que regenta José Cruz, más conocido como Pepito el del Tremendo.

El diario estaba escrito de puño y letra en un idioma que en principio creí que era ruso, con símbolos cirílicos. Tras una ardua investigación en Google supe que estaba equivocado, que no era ruso sino ucraniano. Pero no un ucraniano de academia. Un ucraniano raro, acortando palabras y haciendo uso de expresiones peculiares. En palabras de un amigo mío que me acabo de inventar experto en caligrafía de Europa del Este: “Quillo, esto va a sé ucraniano andalú. No me lo puedo de creé”. Desde ese instante me puse a traducir las apenas 7 páginas de cuadritos que tenía escritas. El autor del relato firma como Олег Коноплянка. Posteriormente pude saber que se trata del padre de un futbolista que acaba de fichar el Sevilla FC. Espero que disfrutéis la mitad de lo que lo he hecho yo al traducirlo. He aquí la breve pero intensa historia de Oleg Konoplyanka en Sevilla.


DIA 1 

Олег Коноплянка

aeropuerto

Vaya calufa que hase. Me habían advertío que en Sevilla hacía una mijita más de caló que en Kirovogrado, mi ciudá natal, pero quillo, esto no es normá. Na más poner un pie en suelo hispalense se ma quedao pegá la suela de las jota jaiber al asfalto, que está más caliente que el empaste de un dragón. Mu agradable el paseo a las cuatro de la tarde desde el avión hasta el aeropuerto por la pista de aterrizaje. Entonces es cuando me he acordao de lo que me dijo mi mujé antes de venirme: “Oleg, miarma, ¿no puede fichá el niño por el Atleti?”. Pues no, aquí estoy yo, en Sevilla, en pleno mes de julio, con una camisa de manga larga metía por dentro y unos pantalones de pana color beis. Y como beis, soy carajote.

taxis

Qué alegrón al ver que en la misma puerta me espera un taxi. Aunque la alegría ha durao poquito, el tiempo que he tardao en darme cuenta de que los asientos del coche son de esos antiguos de gomaespuma, que el coche no tiene aire acondicionao y que está decorao con cientos de pines de fútbol, con una medalla de una virgen colgando del espejo retrovisor y con el cristal trasero adornao con una enorme pegatina que dice algo así como “manquepierda”.

– ¿Adónde te llevo amigo?

Me dise el gachón sonriendo y dejándome ver que tiene menos diente que un fan de JuanYMedio.

– Voy buscando el Estadio de fútbol.

– Así me gusta, que lo primero que hagas sea visitar la casa del glorioso.

Y allá que pone rumbo al estadio del otro equipo de la ciudá, creyendo que voy buscando el Benito Villamarín.

– Usté tiene toa la cará de veraneá en un sótano ¿de dónde viene? De Rusia mínimo.

– Uy, ar palo, soy de Ucrania.

– Joé, allí habrá gorriones con bufanda fijo. Yo soy Fernando Gutiérrez, tocayo del mejor piloto de Fórmula Uno que hay, aunque lleva unas temporaditas que más bien es Frenando Alonso.

– Yo me llamo Oleg.

– Ostia, ¡como el himno de mi Beti! Oleg Oleg Oleg Oleg Beti Oleee…

Me canta mientras baja el volumen de la radio.

– Ea, po yastamo aquí.

estadiobetis

Miro por la ventanilla y ahí está, lo que parece un platillo volante de cemento, con más triángulos que la fachada del Cortilandia y que, efectivamente, es el estadio del otro equipo de la ciudad.

– Quillo, que yo quiero ir al campo del Sevilla.

Le dije con tono de desesperación, pues la gomaespuma del asiento está haciendo su efecto y me corre un goterón de sudor por donde la espalda pierde su dulse nombre. A Fernando se le cambia la cara.

– ¿Qué dise miarma? Allí no voy yo onque me paguen. Que esa gente da musho coraje, que tienen más títulos que la Duquesa de Alba. Mira, vamo a hasé una cosa, te viá llevá un sitio pa que te tome una servesita fresquita y que se te quite la carita de descompuesto que me traes de Pensilvania.

– Ucrania.

– Lo que tú quiera, cabesa. Ya vamo a está en El Tremendo.

La criatura acelera el taxi sin antes darle un besito al aire hacia lo que él llama la casa del glorioso y que a mí me pareció más un edificio de Calatrava, pero no del arquitecto, sino de los humoristas, del hermano feo concretamente, como si le hubieran dao la vuerta al edificio dejando el cemento visto por fuera.

– Po ná, yastamo aquí.

Me dice Fernando echando fuertemente el freno de mano.

tremendo

Ahí estoy yo, a dos horas de haber aterrizao en Sevilla, frente a una vieja tasca con un toldito que en su día fue blanco en el que pone EL TREMENDO DE PIO XII.

– Tómate una cervecita a mi salú y dile a Pepito que vas de mi parte.

– ¿Cuánto se debe?

– Ná, que eres feo tela pero tienes cara de wena gente. Viva er beti.

Allí me dejó la criatura. Y lo cierto es que tenía razón, mi cuerpo me pedía que le diera un bañito fresquito por dentro.

El suelo del bar está lleno de serrín, cáscara de shoshitos, servilletas de las que más que limpiar esparcen la mierda y colillas, algo raro sabiendo que estaba prohibido fumar allí dentro.

– Hola, ¿Don Pepito?

Pregunto.

– ¡Hola Don José!

Me gritan dos camareros casi al unísono.

– No, no. Me llamo Oleg.

– Vale cabesa pero ¿vió usté a mi abuela? Jajajaja.

No entiendo un carajo de lo que me están diciendo. Don José, cabesa, su abuela…

– Toma, bébetela rápido que se le van las vitamina.

Uno de los camareros me pone por delante una cerveza tan fría que escarcha el vaso por fuera. Me bebo la mitad de un buche, notando la burbujeante espuma en el bigote y los menos dos grados de temperatura a la que está y que hicieron que se me saltaran las lágrimas del tirón. Aaaahora jí, me dije.

pavia

– Y toma, anda, que tienes cara de esmayao. Esto es una pavía, y seguro que pavía no las probao. Jajajaja. Anda que en Rusia te van a poné esto.

– Ucrania.

– Lo que tu quiera cabesa. Ten cuidao que quema.

Y tanto que quemaba, le di un bocao y el aceitito de dentro se me pegó en tol sielo la boca, me acordé de la puta de la madre de Yarmolenko. Hay que vé lo que aguanta eso el calor por dentro. Ya podrían hacer las paredes de las casas de Ucrania de pavía pa soportá el invierno.

Tres cervecitas y dos tapas más me tomé esa tarde que me supieron a gloria. Se me olvidó que venía a Sevilla a aconsejar a mi hijo si firmar por el Sevilla y no me acordé siquiera de la caló que había pasao en el taxi de Fernando. Coño, con decirte que no le había puesto ni un SMS a mi mujé…Hablando de mi mujé. Me acaba de enviar una imagen por wasap.


konomadre

Gordita: Cari ¿Llegaste bien? Tu hijo y yo estamos preocupaos. Te he metío dos alfajore de medina en la maleta por si te da el hambre √√


Pa alfajore estoy yo después de las pavías y las cruzcampo glaciares… lo que me va pidiendo er cuerpo es un pelotaso.

– Pepito, pórme un yoni con esprai y musho hielo, que me puesto farruco.

– Jaja, ira el guiri, paresía tonto con toa la cara del malo de james bond.

Tres cubatas cayeron allí apoyao en el metal de la barra, buscando el fresquito con el codo y frente al ventilador que más que frío lo que hacía era espantá las moscas. Oyendo chistes malos y viendo cómo los camareros se reían de los clientes y los clientes de los camareros, pero con mucho arte. “Iyo ¿dónde ta pelao? ¿En el Virgen del Rosío? Po anda que tú que tiene más cabesa que un león peinao patrá…”. Entonces entendí lo que la gente llama la guasa sevillana.

– Pepito, la murta, arfavó.

– Ventidó.

Me dice tras borrar con la manga de la camisa la cuenta que tenía apuntá con tiza en la barra.

– ¿El pan me va a cobrá, mamona?

– Aro cojone, a ve si tú cree que el de El Guijo me lo regala…

– Valiente tio tieso.

– Bueno, por ser la primera vé, a la regañá invita la casa, porque eres feo pero tienes cara de wena gente.

Así fue mi primera toma de contacto con los bares de Sevilla y con la pavía. Ahora me tocaba descansar. Salí a la puerta, le pedí fuego a un gorrilla pa encenderme un Partagas.

partagas

El nota tenía una gorra del Beti. Entre la medio tajá y la guasa sevillana que me estaba poseyendo le dije:

– Quillo, tú ere el que sale en Allí Abajo ¿no? En Ucrania mueren contigo, cabesa.

– ¿En serio?

– Que va, allí te conocen lo mismo que a tu equipo, jajajajaja.

Y como si lo tuviera ensayao, justo en ese momento, llegó el taxi que me dejaría en el hotel, en la calle Adriano, metiéndome por su puesto la mamona del chófer por el Parque Alcosa y cobrándome casi cincuenta pelotes. Las consecuencias de ser guiri en Sevilla. Pero eso iba a durá poco.

(Continuará)

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2 comentarios en “El diario de papá Konoplyanka. Sevilla y Oleg (1 de 3)

  1. Soy er pare der niño; y el que se va a jiñá en toas tus castas si no me devuerves la libretiya con un binláden doblaíto dentro.

    ¡Ah!, y que ni se tocurra publicá el apunte en servilleta del Tremendo que tabrás encontrao entre las hojas; cuenta lo del pesetas creaturita como te salga del siruelo, pero no digas ná de la juerga que nos corrimos er betínico Fernandiyo y yo, que mi parienta es ucraniana y prima de la Timochenko y mete ostiones como melones.

    Pd: En serio; todo un hallazgo esta bitácora. La ironía, el sarcasmo y, en definitiva, el humor es lo más serio de este mundo. Sus coloco el primero entre mis favoritos.

    NOTA: El primero porque uso el orden asnalfabéstico y ‘cazón’ va por delante de ‘colussos’ y ‘palanganismo’, no por otra cosa que conste.

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