FERNANDO NAVARRO. ALMA DISCRETA, SEVILLISTA ETERNO

Sevilla FC

“El alma es un vaso que solo se llena con eternidad” (Amado Nervo)


Hace casi un mes que terminó la temporada y el Sevillismo aún sigue inmerso en ese estado de euforia colectiva provocada por un año para enmarcar, con record de puntos en liga y entrada por méritos propios en el Olimpo del fútbol europeo fruto de un tetracampeonato que hasta la fecha ningún otro alcanzó. Pero esto no para y sin apenas tiempo para digerir el éxito ya estamos inmersos en la renovación de plantilla propia del inicio de un nuevo curso. En un club como el nuestro es inevitable que se produzcan salidas, más aún tras una temporada tan exitosa, y del equipo campeón en Varsovia ya se han producido varias bajas. Primero salió M´Bia, ese bendito loco cuyo cable “pelao” cortocircuitó Valencia provocando un incendio como antes no hubo otro en la ciudad del fuego. Después fue Aleix Vidal, un currante, un luchador nato, un auténtico hijo del hambre de esos que tanto gustan en Nervión por encarnar a la perfección la filosofía sevillista. Y el pasado viernes se conocía la noticia de que Fernando Navarro ponía fin a su trayectoria en Nervión para emprender una nueva aventura en el R.C.Deportivo de la Coruña.

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Para alguien de fuera, la salida del lateral catalán puede parecer poco relevante, sobre todo si se compara con las otras dos. Futbolista ya veterano, con un gran número de partidos en el club (casi 300), pero con menor protagonismo sobre el césped durante la última temporada y media. Sin embargo, los sevillistas sabemos que no se va un futbolista cualquiera. Basta con echar un vistazo a las reacciones de aficionados y de sus propios compañeros en las horas posteriores al anuncio de su marcha:

“Gracias por todo, Capitán. Como tú, los quiero a todos. Suerte y aquí tienes tu casa, amigo”

(Ramón Rodríguez Verdejo, “Monchi”).

“Oh capitán, mi capitán. Gracias amigo por tu entrega, tu implicación y tu saber estar. Once como tú!!! (Jesús Gómez).

“No ha habido nadie mejor que tú para enseñarme desde el primer día lo que significa este club” (Vicente Iborra).

Entre las innumerables virtudes que han situado al equipo dirigido por Unai Emery en el más alto escalón del fútbol europeo (pegada brutal, excelsa lectura de los partidos, dominio del juego a balón parado en las dos áreas…) sobresale una por encima del resto. Si le preguntas a cualquiera que siente en sevillista qué caracteriza a este Sevilla, la respuesta siempre será la misma: este equipo tiene alma. Y nadie como Navarro para dar sentido a esas dos palabras, EQUIPO y ALMA.

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El germen del actual Sevilla hay que buscarlo en la temporada 2013-14. Tras un inicio de año errático, en el que llegamos incluso a ser colistas, fuimos capaces de enderezar el rumbo hasta el punto de acabar el año levantando nuestra tercera UEL. Esa UEFA será recordada por la remontada en Heliópolis, el baño al Oporto en el partido de vuelta, el “M´Biazo” o la angustiosa tanda de penaltis que engrandeció la leyenda del mítico Bela Guttmann. Aquel fue el triunfo de la fe, del contra todo y todos los que se pongan por delante, del hacerse más fuerte ante cada adversidad ¿Pero cómo un equipo hasta entonces frágil y dubitativo se transforma en una inquebrantable máquina de ganar?

Para encontrar la respuesta hay que escarbar en las entrañas de ese vestuario y encontrar historias como la ocurrida en las horas previas al partido de ida de los octavos de final. El Sevilla encaraba la cita con la presión extrema de enfrentarse a un eterno rival moribundo en liga y que enfrentaba la contienda como último clavo al que agarrarse para salvar de alguna manera su calamitosa temporada. Y lo hacía en su competición, en la que no podía fallar, con la losa de no haber sido capaz de demostrar hasta entonces el más mínimo signo de fiabilidad.

A poco más de 48 horas para que el balón echara a rodar, Fernando Navarro recibía uno de los golpes más duros que una persona puede sufrir, el fallecimiento de su padre. Uno, que tiene la desgracia de haber pasado por lo mismo, sabe que en ese instante nada importa. Todo pasa a un segundo plano y solo queda dolor, un inmenso dolor. La noticia supuso un jarro de agua fría para la plantilla y dejaba aún más en cuadro a una defensa que, ante las bajas de Pareja y Carriço, contaba con Federico Fazio como único central disponible. Pero Navarro es de otra pasta. Él no necesita de mensajes motivadores, prefiere los hechos, y tras enterrar el miércoles a su padre en Barcelona, regresaba a Sevilla para decirle a sus compañeros que no estaban solos en esto, que ahí estaban él y sus cojones enfundándose la casaca blanca de los que nunca se rinden.

Ese es Fernando Navarro. Un ejemplo de valores que nunca copará portadas. Una raya en el Océano, honrosa excepción de un Universo, el futbolístico, convertido en circo mediático donde niños millonarios, incapaces de gobernar su propio ego, son elevados a la categoría de Dioses por unos medios de comunicación totalmente vendidos al consumista morbo de lo intrascendente.

Y es que a lo largo de la historia de un club hay jugadores que llegan, jugadores que se van y otros que deciden quedarse para siempre y Fernando Navarro se ha ganado por derecho propio su entrada en ese selecto club de leyendas sevillistas. Y lo ha hecho como antes lo hicieron otros mitos silenciosos del Sevillismo, los David Castedo, Pep Martí,…aquellos que no necesitaron que nadie hablara de ellos para que su gente los colocaran donde merecen. Fernando Navarro no se ha ido ni se irá jamás, porque Fernando Navarro ya es eterno.

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Y no, no me refiero a esta maravillosa foto. Eso no es eternidad, sino justicia. Justicia para quién olvidó al resto del mundo cuando se trataba de defender nuestro escudo, el que tanto sumó sin salir en la foto, el que siempre antepuso el colectivo a lo individual, el que durante los siete años que ha defendido nuestros colores se ha dedicado a sembrar Sevillismo entre todos los que han ido llegando a nuestra casa. Y justicia para un padre que el 27 de mayo de 2015, con el pecho henchido de orgullo, se paseaba por allá arriba diciendo a todo el que se cruzaba a su paso que ese era su hijo, el que nunca falló a sus compañeros.

Don Fernando Navarro Corbacho se va como llegó, en silencio. Y se va en silencio, pero sumando, como hizo siempre, pues el vacío de su marcha queda ocupado por su halo de eternidad. Se va la persona, pero queda su alma plasmada en un Sevillismo que él mismo se encargó de grabar a fuego entre los que seguirán intentando llevar a este club a lo más alto.

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Hasta cuando usted quiera, CAPITÁN.

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4 comentarios en “FERNANDO NAVARRO. ALMA DISCRETA, SEVILLISTA ETERNO

  1. Merecido homenaje a un grande con mayúsculas de la historia del Sevilla. Este año me da la sensación que el vestuario se está quedando huérfano de referentes. Esperemos que surja “otro” Fernando Navarro que enseñe esto del sevillismo a los nuevos chavales.

    Mucha suerte al capitán en el Depor

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  2. Justicia y sentimiento en el articulo. El mismo sentimiento que ha puesto el capitan en estos siete años. Jugador ejemplo para los que llegan. Creo que quedan lideres en el vestuario…Carrizo, Iborra, Pareja, Coke…para recoger el testigo de D. Fernando Navarro. SUERTE CAPITAN. P. D. Enhorabuena al autor

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  3. ¡Mardito sea Cronos y la fea gachí que lo parió!.

    Porque Cronos es el culpable de que nuestro tetraboleado capitán tenga que dejarnos.

    “Sic transit gloria mundi”, que diría un maño.

    Le gusta a 1 persona

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