LA FIERA DE ABRIL

SFC

“Como los Jueves, siempre en medio”

(Expresión que se usa cuando alguien o algo resulta molesto y/o cansino).

Así es. Así somos. Siempre en medio. Nos gusta molestar y nos gustan los jueves.


Allá iba yo, otro jueves más, sin haber tenido tiempo para depurar y supurar el excesivo consumo de alcohol y otras sustancias del día anterior, caminando por el que en su día fuera Puente de Alfonso XIII destino al Real. Maqueado. Luciendo, como no podía ser de otra manera, mis mejores galas. Como esta fiesta no para, decidí cambiar de calzoncillos, calcetines, camisa, corbata y hasta de pañuelito. De mi atuendo del día anterior solo dí una oportunidad a traje y zapatos, eso sí, previo tute de rigor con el cepillito para tratar de disimular la mezcolanza de albero embarrado, zotal y manzanilla que los adornaban.

De esa guisa bajé los peldaños que me conducían hacia un abarrotado Real de la Feria. Los más temerosos lo harían con la incertidumbre de no saber cómo va a responder el cuerpo al calor y a la muchedumbre después de tanta tralla que llevas ya en lo alto. A éstos, lo de culminar la noche volviendo a casa de la mano de la flamenca más salerosa es que ni se les pasa por la cabeza… Yo, en cambio, entré ese jueves a la Feria como lo hago siempre, al más puro estilo John Wayne, atravesando las puertas del más peligroso Saloon del Oeste, sabiendo que sentiría la mirada del que al verme entrar siempre masculla “ojú, ya está aquí otra vez éste. Siempre en medio, como el jueves”.

Pues sí, amigo. Aquí estoy, aquí estamos. Molestando. Porque unos molestamos y otros se molestan. Y es que Sevilla es peculiarmente dual. Por sus calles deambulan ganadores y perdedores compartiendo acera y puente, Real y manzanilla, pero sin olvidar qué papel juega cada uno. El ganador, por supuesto, sabe que lo es. El perdedor, en cambio, parece no querer darse cuenta de su estatus y a menudo resulta inevitable apiadarse de él cuando lo observas sacando pecho en un ridículo intento por demostrar que su nivel es similar al tuyo. Esto de la dualidad de actitudes o personalidades es tan real como que, por color, existen dos tipos de casetas, las rojiblancas y las verdiblancas.

saloon2

Así llegan Unai Emery y los suyos… los tuyos… los nuestros a Rusia, como solemos hacerlo los ganadores al recinto ferial, a lo John Wayne. Con el cuerpo raro, aún resacoso por la remontada vivida hace una semana en Nervión, debatiéndonos entre el dolorcillo de cabeza que aún perdura de ese rebujito que nos sirvió Villas-Boas en la primera parte y el buen sabor de boca de los últimos bailes con Bacca y Denis. De esta guisa bajamos los peldaños del avión en San Petersburgo, esas escaleras que bien podrían ser las del defenestrado Puente de Hierro, ahora de Las Delicias, con el cuerpo rumboso, engalanado para la ocasión.

Aquel jueves de Feria opté por cambiar calzoncillos, calcetines, camisa, corbata y pañuelito. Quién sabe si Unai se decantará esta vez por Vitolo y no por Reyes, por Mbiá en lugar de Iborra. Qué más da. El ajedrecista de Hondarribia sabrá mejor que nadie si en Rusia le conviene usar corbata de lunares o pajarita. Y si la cosa se tuerce, la noche se pone fea y a la flamenca más bonita le horripila nuestra elección, volverá a disimular como solo sabe un buen feriante, se pegará un escaqueo al servicio, la tirará por el retrete y se abrirá el último botón de la camisa a lo Agustín Bravo, para acto seguido mirarse al espejo sabiendo que la noche es suya. Que sea cual sea el resultado final, se ponga lo que se ponga, entrará al Real del Estadio Petrovsky con la seguridad de que los suyos… los tuyos… los nuestros se mancharán de nuevo de barro, zotal y manzanilla.

De vuelta a casa, por el puente de Las Delicias con la Torre del Oro y la luna por testigos, volveremos a caminar sonrientes de la mano de la más guapa, con la satisfacción de haber vivido otro gran jueves de Feria.

puentehierro

Será entonces cuando, lejos de dejarnos cegar por el resplandor del triunfo conseguido, volvamos a agachar la mirada hacia el suelo que pisamos, recordando a los que ya no están. A esos que anduvieron por el mismo camino que nosotros, pero por distinto puente, el de Hierro. Hierro forjado de Sevillismo. Hierro de carácter infatigable formado al amparo del sinsabor de la derrota que tanto duele y tan poco avergüenza, esa que se sufre a pesar de haber dejado hasta el último suspiro de aliento en la batalla. Ese hierro sólido, de estructura inquebrantable, con el que se grabó a fuego el Dicen que nunca se rinde en el ADN Sevillista.

Así acabará nuestro jueves. No puede ser de otro modo, por algo le llaman la Fiera de Abril.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s